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Filosofía
Cultura religiosa - Lunes, 2 PM

Actividad 5 - Pacem in Terris.


  • Leer la "Pacem in Terris".

DESARROLLO:

La encíclica “Pacem in Terris”, promulgada por el papá Juan XXIII en 1963, es considerada como un hito fundamental en el pensamiento social y jurídico moderno por distintos juristas alrededor del planeta entero desde el siglo pasado. Así pues, este documento no se limita a una mera exhortación religiosa dirigida a sus congregantes, sino que, más allá de esto, propone una estructura de convivencia basada en la ley natural y el reconocimiento de derechos inherentes a la persona humana. En este sentido, la paz no es entendida meramente como una ausencia de la guerra, es, en cambio, considerada como ese resultado de un orden social cimentado en valores como la verdad, la justicia, el amor y la libertad.

Ahora bien, ahondando en la premisa central de la encíclica, esta sostiene que cualquier sociedad ordenada debe tener como base el principio de que todo ser humano es persona, y que es, además, una persona dotada de inteligencia y voluntad libre. Al respecto, como bien lo establece el texto Pontificio, el hombre tiene el derecho a “la buena reputación social, la posibilidad de buscar la verdad libremente y, dentro de los límites del orden moral y del bien común, manifestar y difundir sus opiniones y ejercer una profesión cualquiera” (párr. 12). De allí, que la encíclica rompa con los esquemas tradicionales, al reconocer la libertad de conciencia y de culto, como elementos esenciales de la dignidad individual. Dentro de este orden de ideas, el Estado es garante de tales derechos, de modo que su función primordial consiste en promover el bien común y asegurar que cada ciudadano pueda desarrollar sus facultades materiales y espirituales.

Otro elemento importante que advierte el Pontífice consiste en la existencia de “un defecto de estructura” en el sistema internacional actual que impide resolver crisis globales. Sobre este concepto, la encíclica propone la legitimidad y la necesidad de una autoridad pública con competencia mundial, pero que tal autoridad deberá regirse por el principio de subsidiariedad, es decir que no le corresponderá a esta entidad invadir la competencia propia de la autoridad pública de cada Estado y que, por el contrario, deberá procurar que:

En todo el mundo se cree un ambiente dentro del cual no sólo los poderes públicos de cada nación, sino también los individuos y los grupos intermedios, puedan con mayor seguridad realizar sus funciones, cumplir sus deberes y defender sus derechos (párr. 141).

Es así que este planteamiento encuentra un eco contemporáneo en el fortalecimiento de organismos con presencia internacional como la Organización de Naciones Unidas, cuya Declaración Universal de los Derechos Humanos es elogiada al expresar que “se reconoce solemnemente a todos los hombres sin excepción la dignidad de la persona humana y se afirman todos los derechos que todo hombre tiene a buscar libremente la verdad” (párr. 144).

Asimismo, la encíclica introduce una distinción fundamental entre las doctrinas filosóficas falsas y los movimientos históricos que buscan fines económicos, sociales o políticos. Explica, además, que es posible y lícito que los católicos colaboren con personas que poseen visiones del mundo distintas, siempre y cuando se trabaje en favor de objetivos que sean intrínsecamente buenos, así como se afirma en el documento, por medio de la pregunta de “¿quién puede negar que, en la medida en que tales corrientes se ajusten a los dictados de la recta razón y reflejen fielmente las justas aspiraciones del hombre, puedan tener elementos moralmente positivos dignos de aprobación?” (párr. 159). Es de esta forma que la “Pacem in Terris” sea precursora de un diálogo ecuménico, es decir, de aquel cuyo objetivo consiste en el diálogo y la cooperación para restablecer la unidad de los cristianos, toda vez que establece que la ley natural permite encontrar puntos de encuentro para la construcción de la paz y que, en adición a esto, el “vivir juntos” en una sociedad pluralista refleje ese compromiso ético con la justicia social y el bien común.

Para concluir con la lectura, la “Pacem in Terris” construye su vigencia con base en su capacidad para fundamentar concepciones importantes sobre los derechos humanos que trascienden fronteras ideológicas y temporales. Así pues, este documento reafirma la idea de que la paz duradera se erige como una posibilidad fáctica supeditada al respeto del orden moral establecido por la naturaleza humana y no un ideal utópico con creencias imposibles de alcanzar, de forma que representa aquel punto de partida hacia un humanismo internacional que, a pesar de tener más de seis décadas de su publicación, su llamado hacia el desarrollo integral de los individuos sigue operando como un referente importantísimo e ineludible para la estructura jurídica del mundo contemporáneo.


BIBLIOGRAFÍA:

  • Juan XXIII. (1963). Pacem in terris [Carta encíclica]. Vaticano.
  • Joblin, J. (1963).The Papal Encyclical ‘Pacem in Terris’. International Labour Review.
  • Catholic Agency for Overseas Development. (CAFOD). (2023). Pacem in Terris, 60 years on. CAFOD. https://cafod.org.uk/news/blogs/pacem-in-terris-60-years-on.
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